antükuyën

18.9.06

Para ti, mi pequeña

Tarí: Quiero ser las dos niñas de tus ojos, las metálicas cuerdas de tu voz, el rubor de tu sien cuando meditas y el origen tenaz de tu rubor. Quiero ser esas manos invisibles que manejan por si la creación, y formar con tus sueños y los míos otro mundo mejor para los dos. Eres tú, providencia de mi vida, mi sostén, mi refugio, mi caudal; cual si fueras mi madre, yo te amo... ¡y todavía más!. Tengo celos del sol porque te besa con sus labios de luz y de calor... ¡del jazmín tropical y del jilguero que decoran y alegran tu balcón! Mando yo que ni el aire te sonría: ni los astros, ni el ave, ni la flor, ni la fe, ni el amor, ni la esperanza, ni ninguno, ni nada más que yo. Eres tú, soberana de mis noches, mi constante, perpetuo cavilar: ambiciono tu amor como la gloria... ¡y todavía más!. Yo no quiero que alguno te consuele si me mata la fuerza de tu amor... ¡si me matan los besos insaciables, fervorosos, ardientes que te doy! Quiero yo que te invadan las tinieblas, cuando ya para mí no salga el sol. Quiero yo que defiendas mis despojos del más breve ritual profanador. Quiero yo que me llames y conjures sobre labios y frente, y corazón. Quiero yo que sucumbas o enloquezcas... ¡loca sí; muerta si, te quiero yo! Mi querida, mi bien, mi soberana, mi refugio, mi sueño, mi caudal, mi laurel, mi ambición, mi hermosa Tarí... ¡y todavía más!

3.9.06

Mi Ángel

¡Oh! niña de mis sueños, tan pálida y hermosa como los lirios blancos que besa el Atoyac; tú la de mis recuerdos imagen luminosa, el ángel cuyas alas. tocáronme al pasar; perdona, dulce niña, perdona si mi acento temblando, de mi alma levántase, hasta ti; pero tu bella imagen está en mi pensamiento no sé ya desde cuándo... quizá desque te vi, Desde que vi tus ojos, tus ojos de querube, tus ojos en que el alma se abrasa de pasión; y desde aquel instante otra ilusión no tuve que darte con mi vida; mi altivo, corazón. Si apenas te conozco ¿Por qué te quiero tanto? ¿por qué mis, ojos ávidos te buscan sin cesar? ¿por qué en el alma siento, tan tétrico quebranto! cuando tu rostro de ángel no puedo contemplar? ¿Por qué sueño contigo y en, ti, tan sólo pienso? ¿por qué tan dulce nombre me llena de emoción? ¿por qué se abrasa mi alma en este amor inmenso, si apenas te conozco, mujer de bendición? No estás ante mis ojos y por doquier te miro; conmigo, va tu sombra por dondequier que voy. Escucho tu pisada, recojo tu suspiro, y velas a mi lado, cuando, dormido estoy. ¿No sabes tú, no sabes, mujer, que te amo tanto cuanto, sobre la tierra el hombre puede amar? ¿Que diera mi existencia por enjugar tu llanto, que diera... hasta mi alma, tus plantas por besar? Y si tuviera un mundo, un mundo te daría; y si tuviera un cielo, lo diera yo también, porque me amaras tanto, mitad del alma mía, que alguna vez sintiera tus labios en mi sien... No sientes cuando cierra tus ojos celestiales el ángel de los sueños con su ala sin color, no sientes que mi alma sobre tus labios rojos derrama un mar de besos con infinito amor...? Sé, niña, del poeta la inspiración bendita, la virgen de mis sueños, la fe del corazón; sé mi ángel, sé mi estrella, la luz que necesita mi espíritu sediento de amor y de ilusión. Extiende cariñosa sobre mi sien tu velo; bajo tus alas blancas de ti camino en pos, tu luminosa huella me llevará hasta el cielo: te seguiré, mi ángel, para llegar a Dios.